POR S.T.A.R.
No tenemos coches voladores ni robots que nos paseen el perro o nos hagan la colada, el sexo sigue siendo un acto carnal y la comida aún no se dispensa en píldoras, salimos a la calle con la tranquilidad de que ninguna lluvia ácida letal nos derretirá la cara y seguimos pagando con monedas y billetes y no con nuestra huella dactilar o mediante reconocimiento de pupila ocular. Por supuesto no existen empresas que nos generen sueños inducidos ni compañías que nos permitan modificar genéticamente nuestro cuerpo o que sustituyan miembros por otros artificiales a nuestro capricho y voluntad. Así era, a grandes rasgos, el futuro que suponíamos cuando éramos más jóvenes, esos años más allá del 2000 que nos llevarían a emigrar a Marte o a convivir con androides, tiempos de amor en pastilla o de fines de semana en el Mar de la Tranquilidad selenita. Nuestro presente es muy distinto del que soñábamos, pero una fantasía similar, muy similar, se puede, se debe vivir en FUTUROSCOPE, Poitiers, Francia.
[…] Seguro que nos parecerá lo más normal del mundo, pero llegar a Futuroscope, si lo analizamos por unos instantes, nos parecerá algo extraordinariamente sencillo a la par que regularmente futurista. Con el servicio de Ryanair desde el aeropuerto de Girona y en menos de una hora de reloj llegamos volando al aeropuerto de Poitiers, ahí un autobús lanzadera nos transportará gratuitamente de puerta a puerta a los centros de alojamiento de Futuroscope, a menos de cinco minutos de distancia andando de la puerta del parque. Y de regreso lo mismo, menos de hora y media separan nuestra vida cotidiana de un viaje al futuro. Este lapso de tiempo no es nada comparado con los desplazamientos que cualquiera de nosotros debe realizar diariamente para acudir a nuestros puestos de trabajo, y seguramente nuestra odisea sea mucho mayor a base de metros, autobuses urbanos y líneas ferroviarias locales. Las velocidades de AVE, TGV y las que permiten las autopistas francesas también son medios alternativos para llegar al mañana. Si bien no son teletransportaciones instantáneas ni grandes dirigibles aparcando en la cúspide de edificios de grandes megalópolis, el lapso de tiempo que transcurre entre salir de nuestra vivienda hasta llegar al Futuroscope es digno de ciencia ficción.
Pero ¿realmente es un viaje al futuro? Posiblemente lo sea porque lo que allí encontramos es plausibilidad, posibilidad y probabilidad de que en un momento u otro algo o todo ello se refleje en ámbitos del entretenimiento por vídeo o en distracciones de masas ya fuera en sistemas domésticos o en salas de cine. Futuroscope sigue siendo el único lugar del mundo que cuenta con seis salas IMAX, seis, y la exclusividad de un pabellón con una pantalla de proyección de 900 metros cuadrados, espectáculos con realidad aumentada, atracciones 4D y un sentimiento de innovación punk por doquier muy en la onda en que Johnny Rotten escribiría en el himno God Save the Queen: “(El estribillo de ‘No future…’) fue pensado como una llamada a la acción, no a la resignación. ‘No hay futuro’ a menos que vayas y crees uno, entonces carpe diem, etcétera. No es terminar con todo, no hay futuro, punto final. No, son puntos suspensivos… hay que levantarse y hacer el esfuerzo uno mismo. Nadie va a hacerlo por ti. No esperes que te lo sirvan en bandeja.” […] (Artículo completo en STAR-T #06, Jun. 2012)


